TODO el Reinado de Hitler AÑO a AÑO desde 1933 a 1945 | DOCUMENTAL

TODO el Reinado de Hitler AÑO a AÑO desde 1933 a 1945 | DOCUMENTAL

Berlín, 30 de enero de 1933 — Un hombre de 43 años, de mirada intensa y bigote recortado, acaba de prestar juramento como canciller del Reich en el edificio de la presidencia de Berlín. Adolf Hitler, el líder del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, ha llegado al poder no por la fuerza de las armas, sino por el colapso de una república que nunca logró consolidarse. Lo que sigue es la crónica de un reinado de doce años que transformó a Alemania en una máquina de guerra y exterminio, y que culminó con la destrucción del continente europeo.

El ascenso de Hitler no fue un accidente. La República de Weimar, nacida en 1919 tras la derrota en la Gran Guerra, fue una democracia en crisis permanente desde su inicio. El Tratado de Versalles impuso reparaciones de guerra equivalentes a 132,000 millones de marcos de oro, la pérdida de territorios como Alsacia-Lorena y el corredor polaco, y la humillante cláusula de culpa de guerra que responsabilizaba exclusivamente a Alemania del conflicto.

Entre 1919 y 1923, el país sufrió una hiperinflación sin precedentes: en octubre de 1923, un kilo de pan costaba en Berlín 5,600 millones de marcos. Los ahorros de toda una vida se evaporaron en semanas, y la clase media, columna vertebral social de la república, quedó destruida económicamente.

El Partido Obrero Alemán, al que Hitler se unió en septiembre de 1919, tenía menos de 100 miembros registrados. En dos años, lo transformó en el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, el NSDAP, y se convirtió en su líder absoluto con el título de Führer. Su arma era la palabra.

Quienes le escucharon en esos años tempranos describieron el fenómeno de manera uniforme: comenzaba en un tono bajo, casi tímido, con lo que parecía una clase magistral histórica más que un discurso. La retórica se acumulaba, las frases se volvían más cortas, la voz subía de tono, y cuando la sala estaba completamente atrapada, el orador ya no persuadía, sino que encarnaba lo que el público quería escuchar.

El 8 de noviembre de 1923, Hitler intentó replicar la marcha sobre Roma de Mussolini. Irrumpió en la Bürgerbräukeller de Múnich con grupos armados de las SA durante una reunión del gobierno bávaro. “La revolución nacional ha comenzado”, anunció disparando su pistola al techo.

El putsch de la cervecería fracasó en menos de 24 horas. Al día siguiente, columnas de nazis y veteranos marcharon hacia el centro de Múnich. En la Feldherrnhalle, frente al Ministerio del Ejército Bávaro, la policía abrió fuego.

Cuatro policías y 16 golpistas murieron. Hitler escapó herido y fue detenido dos días después.

El juicio fue un regalo político. Hitler lo convirtió en un escenario, habló durante horas ante los jueces, proclamó su inocencia histórica y denunció el sistema de Weimar. Fue condenado a cinco años de prisión en la fortaleza de Landsberg am Lech, pero no cumplió ni uno.

En diciembre de 1924, tras nueve meses de detención en condiciones cómodas, con habitación propia y visitas frecuentes, fue puesto en libertad. Durante esos nueve meses dictó el primer volumen de Mein Kampf a su secretario Rudolf Hess. El libro era, a partes iguales, autobiografía, manifiesto ideológico y guía de conquista.

Describía con claridad la expansión territorial hacia el este, la necesidad de eliminar la influencia judía en Alemania, el desprecio por la democracia parlamentaria y la doctrina del Lebensraum, el espacio vital que más tarde justificaría la invasión de Polonia y la Unión Soviética.

La crisis económica global de 1929 fue el combustible que el partido nazi necesitaba. El 24 de octubre de 1929, la bolsa de Nueva York se derrumbó, y los bancos norteamericanos retiraron sus créditos de Europa en cuestión de meses. La producción industrial alemana cayó a la mitad, y el desempleo alcanzó los seis millones en 1932, aproximadamente el 30% de la población activa.

El hambre era visible en las colas de las sopas populares que se extendían por kilómetros en Berlín, Hamburgo y el Ruhr. En las elecciones de septiembre de 1930, el NSDAP pasó de 12 a 107 escaños en el Reichstag, convirtiéndose en el segundo partido más grande del parlamento alemán.

El 30 de enero de 1933, a las 11:45 de la mañana, Adolf Hitler prestó juramento como canciller del Reich ante el presidente Paul von Hindenburg, de 85 años y visiblemente deteriorado. Esa noche, antorchas ardieron por las calles de Berlín durante horas mientras columnas de las SA y las SS desfilaban ante la cancillería. Joseph Goebbels anotó en su diario: “Alemania está despierta”.

El primer acto del nuevo canciller fue pedir la disolución del Reichstag y la convocatoria de nuevas elecciones para el 5 de marzo de 1933. Necesitaba una mayoría parlamentaria que legitimara sus siguientes pasos.

La noche del 27 de febrero de 1933 cambió el curso del mes. El edificio del Reichstag ardió. Un joven holandés llamado Marinus van der Lubbe, comunista militante, fue encontrado en el interior con materiales incendiarios.

Pero Hitler y Goebbels no esperaron a la investigación. Esa misma noche declararon que era el inicio de un golpe comunista. Hermann Göring ordenó arrestos masivos de dirigentes comunistas en toda Alemania.

Al día siguiente, Hindenburg firmó el decreto del incendio del Reichstag, que suspendía indefinidamente los artículos de la Constitución de Weimar que garantizaban la libertad de expresión, de prensa, de reunión y de domicilio. El decreto nunca fue revocado.

En las elecciones del 5 de marzo, con el terror ya instalado, el NSDAP obtuvo solo el 43,9% de los votos. No era la mayoría absoluta que Hitler necesitaba, pero en coalición con el Partido Nacional Alemán llegó al 51,9%. Era suficiente.

El 23 de marzo de 1933, en la Krolloper, el Reichstag provisional votó la Ley de Habilitación, que otorgaba al gobierno el poder de legislar por decreto durante cuatro años sin necesidad de la aprobación del parlamento ni del presidente. Los diputados comunistas estaban en prisión o en la clandestinidad. Los socialdemócratas, acosados por las SA, votaron 94 contra cero en oposición.

La ley fue aprobada por 441 votos a favor y 94 en contra.

Los siguientes meses fueron de una velocidad demoledora. El 2 de mayo, todas las organizaciones sindicales fueron disueltas. El 10 de mayo, en la Opernplatz de Berlín y en otras 23 ciudades alemanas, estudiantes nazis quemaron en hogueras públicas miles de libros de Sigmund Freud, Karl Marx, Erich Maria Remarque, Heinrich Heine y Bertolt Brecht.

El 14 de julio de 1933, todos los partidos políticos excepto el NSDAP fueron declarados ilegales. Alemania era oficialmente un estado de partido único. La Gleichschaltung, la sincronización o coordinación forzosa, se extendió sistemáticamente a todos los ámbitos de la vida pública.

El 22 de marzo de 1933, Heinrich Himmler anunció la apertura del primer campo de concentración en Dachau, un antiguo almacén de municiones a 16 kilómetros al noroeste de Múnich. Los primeros detenidos fueron comunistas, socialdemócratas y sindicalistas. El comandante Theodor Eicke estableció allí el sistema que luego se replicaría en todo el Reich: trabajo forzado, disciplina brutal, humillación sistemática.

Para junio de 1934, Hitler enfrentaba una amenaza interna. Ernst Röhm, jefe de las SA, quería convertir a sus millones de hombres en el núcleo de un nuevo ejército revolucionario. Los generales del ejército presionaban a Hitler para que pusiera orden.

El 30 de junio de 1934, en la Noche de los Cuchillos Largos, unidades de las SS arrestaron y ejecutaron a cientos de personas en toda Alemania. Röhm fue detenido en un hotel de Bad Wiessee y ejecutado en la prisión de Stadelheim. Entre las víctimas se encontraban el excanciller Kurt von Schleicher y su esposa, asesinados en su villa, y Gregor Strasser, exjefe de la organización del partido.

El 3 de julio, el gabinete promulgó una ley que declaraba las ejecuciones como medidas de defensa del Estado. No hubo juicios ni investigaciones.

El 2 de agosto de 1934, el presidente Paul von Hindenburg murió a los 86 años. Ese mismo día, Hitler firmó una ley que fusionaba el cargo de presidente y canciller en uno solo: el Führer y canciller del Reich. El ejército prestó un juramento personal de lealtad a Hitler, no al Estado alemán ni a la Constitución.

El 19 de agosto, un referéndum preguntó al pueblo alemán si aprobaba la fusión de poderes. El 89,9% votó que sí. Alemania tenía a su dictador legalmente ungido.

El 16 de marzo de 1935, Hitler anunció el restablecimiento del servicio militar obligatorio, prohibido por el Tratado de Versalles, y la creación de la Wehrmacht con una meta de 550,000 efectivos. Las potencias occidentales protestaron formalmente, pero Gran Bretaña firmó en junio de ese mismo año el acuerdo naval anglo-alemán que reconocía implícitamente el derecho de Alemania a tener una flota de guerra. Era el primer paso del apaciguamiento.

El 7 de marzo de 1936, las tropas alemanas entraron en la Renania desmilitarizada. Los generales alemanes habían advertido a Hitler que la acción era arriesgada, pero Francia no respondió, y Gran Bretaña tampoco.

En septiembre de 1935, las Leyes de Núremberg privaron a los judíos alemanes de la ciudadanía del Reich y prohibieron el matrimonio y las relaciones sexuales entre judíos y arios. Medio millón de personas quedaron convertidas de golpe en residentes sin derechos en el país donde habían nacido. La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, la Kristallnacht, fue el primer pogrom organizado por el Estado en Europa occidental del siglo XX.

Grupos coordinados de las SA y civiles nazis atacaron sinagogas, negocios y hogares judíos en toda Alemania y Austria. Se estima que 95 personas fueron asesinadas, más de 7,500 negocios destruidos y unas 100 sinagogas quemadas o dañadas. Alrededor de 30,000 hombres judíos fueron arrestados y enviados a campos de concentración.

El 12 de marzo de 1938, las tropas alemanas cruzaron la frontera austríaca. Se encontraron con flores y aplausos. El Anschluss, la unión de Austria con el Reich alemán, fue proclamado el 13 de marzo.

En el referéndum posterior, el 99,73% de los austríacos votó a favor. Seis meses después fue Checoslovaquia. El 29 de septiembre de 1938, en Múnich, los primeros ministros de Gran Bretaña, Francia, Italia y Alemania firmaron el acuerdo que obligaba a Checoslovaquia a ceder los Sudetes al Reich.

Neville Chamberlain volvió a Londres agitando el papel del acuerdo ante las cámaras: “Paz en nuestro tiempo”. Hitler, por su parte, dijo a sus generales que el acuerdo era un fracaso personal: había querido la guerra.

El 15 de marzo de 1939, las tropas alemanas entraron en Praga. El presidente Emil Hácha, sometido a terror psicológico en la cancillería, firmó la capitulación de su país a las 4 de la mañana después de sufrir un ataque cardíaco. El 23 de agosto de 1939, el mundo se despertó con una noticia que parecía imposible: la Unión Soviética y la Alemania nazi habían firmado un pacto de no agresión.

El protocolo secreto dividía Europa oriental en esferas de influencia. Polonia sería repartida.

El 1 de septiembre de 1939, a las 4:45 de la mañana, 89 divisiones alemanas cruzaron la frontera polaca. El acorazado Schleswig-Holstein abrió fuego sobre las instalaciones militares polacas de Westerplatte. La campaña de Polonia duró 28 días.

La Wehrmacht utilizó por primera vez a gran escala la doctrina del Blitzkrieg, la guerra relámpago. El 3 de septiembre, Gran Bretaña y Francia declararon la guerra a Alemania. Cuando Ribbentrop le llevó la noticia, Hitler permaneció en silencio durante un momento y luego preguntó: “¿Y ahora qué?”

El invierno de 1939 a 1940 fue conocido como la Sitzkrieg, la guerra sentada. La respuesta llegó el 9 de abril de 1940, cuando Alemania invadió simultáneamente Dinamarca y Noruega. Dinamarca cayó en seis horas.

El 10 de mayo comenzó la campaña más audaz de la guerra. Alemania atacó Holanda, Bélgica y Luxemburgo, pero el golpe verdadero vino a través de las Ardenas, consideradas impasables. El 12 de mayo, los tanques del general Heinz Guderian cruzaron el Mosa en Sedán.

En diez días llegaron al canal de la Mancha, cercando a las mejores tropas francesas y al cuerpo expedicionario británico en Dunkerque. Entre el 26 de mayo y el 4 de junio, 338,226 soldados aliados fueron evacuados en la Operación Dinamo.

El 14 de junio de 1940, las tropas alemanas entraron en París. El 22 de junio, en el claro del bosque de Compiègne, en el mismo vagón de ferrocarril donde Alemania había firmado el armisticio de 1918, Francia firmó su capitulación. Hitler bailó una pequeña danza de alegría que fue inmortalizada por las cámaras.

El 23 de junio visitó París durante tres horas y 16 minutos. Su primera parada fue la Ópera Garnier, cuyos planos arquitectónicos había estudiado durante años.

El 22 de junio de 1941, a las 3:15 de la mañana, más de tres millones de soldados alemanes cruzaron la frontera soviética en un frente de 2,900 kilómetros. Era la Operación Barbarroja, la mayor operación militar en la historia de la humanidad hasta ese momento. Los primeros días fueron devastadores: las fuerzas aéreas soviéticas perdieron más de 2,000 aviones en las primeras 24 horas.

En Minsk, en julio, más de 300,000 prisioneros. En Kiev, en septiembre, más de 650,000. Pero el espacio era inmenso, las líneas de suministro se extendían hasta el límite, y el Ejército Rojo no se desmoronó.

El cuartel general de Hitler durante la campaña del este fue el Wolfsschanze, la Guarida del Lobo, un complejo de búnkeres en los bosques de Prusia oriental. Allí, Hitler comenzó a ejercer un control cada vez más directo y dañino sobre las operaciones militares. En otoño de 1941, las tropas alemanas estaban a menos de 20 kilómetros de Moscú, pero el frío llegó temprano con una brutalidad para la que el ejército alemán no estaba preparado.

En diciembre, el Ejército Rojo lanzó una contraofensiva. Hitler culpó a sus generales y asumió personalmente el mando del ejército.

El verano de 1942 trajo nuevas victorias alemanas. En agosto, el Sexto Ejército llegó a las afueras de Stalingrado. La batalla duró seis meses y fue la batalla urbana más sangrienta de la historia.

El 19 de noviembre de 1942, el Ejército Rojo lanzó la Operación Urano, un doble envolvimiento que atrapó a 290,000 soldados alemanes. Hitler prohibió cualquier intento de ruptura. El 31 de enero de 1943, el mariscal de campo Friedrich Paulus fue capturado.

Más de 100,000 soldados alemanes marcharon hacia los campos de prisioneros soviéticos; la mayoría nunca volvió.

El 20 de enero de 1942, en una villa a orillas del lago Wannsee en Berlín, 15 altos funcionarios del régimen se reunieron para coordinar lo que llamaron la “solución final de la cuestión judía”. El protocolo de la conferencia calculaba la cifra de judíos europeos a procesar en 11 millones. Los campos de exterminio comenzaron a operar en el invierno de 1941 a 1942: Chełmno, Bełżec, Sobibór, Treblinka.

Auschwitz-Birkenau comenzó su función principal de exterminio en la primavera de 1942. Entre 1942 y 1945, seis millones de judíos europeos fueron asesinados.

El 20 de julio de 1944, una bomba estalló en la sala de conferencias del Wolfsschanze. El coronel Klaus von Stauffenberg había colocado un maletín con explosivo bajo la mesa. Hitler sobrevivió con heridas leves.

La conspiración fracasó, y alrededor de 5,000 personas fueron arrestadas en los meses siguientes. Aproximadamente 200 fueron ejecutadas. El 16 de diciembre de 1944, Hitler lanzó la última ofensiva alemana importante en el oeste, la batalla de las Ardenas.

La sorpresa táctica fue completa, pero el tiempo jugaba en contra de Alemania. El 16 de enero de 1945, la ofensiva fue cancelada.

En enero de 1945, el Ejército Rojo cruzó el Vístula e inundó Polonia. El 16 de enero, Hitler se trasladó al búnker bajo la cancillería en Berlín. El 30 de abril de 1945, a las 3:30 de la tarde, se disparó en la sien derecha mientras ingería una cápsula de cianuro.

Eva Braun murió por el cianuro. Los cuerpos fueron quemados en el jardín de la cancillería. El 7 de mayo de 1945, Alemania firmó la rendición incondicional.

La guerra en Europa había terminado.

El 20 de noviembre de 1945 comenzó en Núremberg el mayor juicio de la historia moderna. Doce acusados fueron condenados a muerte. Albert Speer fue condenado a 20 años de prisión.

El régimen que Hitler había prometido sería milenario duró 12 años. Las cifras finales son insuficientes: 60 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial, 20 millones de ciudadanos soviéticos, seis millones de judíos europeos exterminados. El Wolfsschanze está hoy en ruinas, cubierto de musgo.

El Berghof fue demolido. La nueva cancillería fue demolida por los soviéticos. Pero las herramientas con las que se construyó el Tercer Reich —la técnica sin ética, la eficiencia sin humanidad, la obediencia sin conciencia— siguen existiendo.