Los Inéditos Interrogatorios de Núremberg

Los Inéditos Interrogatorios de Núremberg

Los Inéditos Interrogatorios de Núremberg Revelan la Maquinaria Criminal del Tercer Reich

Documentos desclasificados y transcripciones de los interrogatorios realizados durante los Juicios de Núremberg han salido a la luz, exponiendo con crudeza la planificación meticulosa y la brutalidad sin límites del régimen nazi. Las declaraciones de los principales líderes militares y políticos alemanes, extraídas de los archivos históricos, ofrecen una visión escalofriante de cómo se gestó la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Las transcripciones, que abarcan desde el verano de 1945 hasta principios de 1946, muestran a los acusados tratando de eludir su responsabilidad mientras las pruebas los acorralan.

El primer interrogatorio que ha causado conmoción es el del mariscal de campo Erich von Manstein, arrestado por los británicos en mayo de 1945. Durante el interrogatorio del 10 de agosto de 1946, el fiscal estadounidense Telford Taylor lo enfrentó a la orden del 23 de julio de 1941, firmada por el acusado Keitel, que instruía a las fuerzas alemanas a usar “métodos terroristas” en los territorios ocupados para infundir miedo y extinguir cualquier deseo de resistencia. Von Manstein afirmó no recordar haber recibido dicha orden, a pesar de que en ese momento era comandante de un cuerpo.

La transcripción revela su evasiva: “No recuerdo tal orden. Fue emitida mucho antes de que me convirtiera en comandante”. Sin embargo, el fiscal demostró que la orden debía difundirse a todas las unidades, y que von Manstein, como comandante, no podía haberla ignorado.

Más impactante aún fue el testimonio del mariscal de campo Friedrich Paulus, el comandante del Sexto Ejército en Stalingrado, quien se convirtió en testigo clave para la acusación soviética. Paulus confirmó que la planificación de la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética, comenzó en el otoño de 1940, mucho antes de que Hitler diera la orden final. “A principios de noviembre de 1940, se completaron dos juegos de guerra militares que dirigí por encargo del jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra”, declaró Paulus.

Estos juegos, en los que participaron altos oficiales, establecieron los objetivos de alcanzar las líneas del Dniéper, Minsk y Leningrado. Paulus también detalló cómo Alemania arrastró a sus aliados, Hungría y Finlandia, a la agresión, proporcionándoles armas y coordinando sus movimientos. “Hungría también creía que la agresión de Alemania sería vista por la Unión Soviética como un acto hostil”, afirmó.

El interrogatorio del mariscal de campo Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, fue particularmente revelador. Keitel intentó minimizar su papel, alegando que solo ejecutaba órdenes de Hitler. Pero el fiscal soviético lo confrontó con la orden del 13 de mayo de 1941, que suspendía los tribunales militares para soldados alemanes que cometieran crímenes contra civiles soviéticos.

Keitel admitió haberla firmado, pero argumentó que era necesaria para la disciplina. Luego, el fiscal le mostró la orden del 16 de diciembre de 1942, que autorizaba el uso de “cualquier medio sin restricciones, incluso contra mujeres y niños”. Keitel, visiblemente incómodo, respondió: “Nunca se pretendió crueldad hacia mujeres y niños”.

Sin embargo, el documento habla por sí mismo.

Uno de los momentos más escalofriantes fue cuando el fiscal presentó el informe del almirante Canaris, jefe de la Abwehr, que denunciaba las ejecuciones masivas de prisioneros de guerra soviéticos. En el margen del informe, Keitel había escrito de su puño y letra: “Estas disposiciones están de acuerdo con la concepción de la guerra del soldado caballero. Aquí se trata de la destrucción de todo un sistema de valores.

Por lo tanto, apruebo estas medidas y las respaldo”. Keitel confirmó la autenticidad de la anotación, demostrando que el alto mando alemán no solo conocía, sino que aprobaba el exterminio.

El interrogatorio del gran almirante Karl Dönitz, comandante en jefe de la Marina y brevemente sucesor de Hitler, se centró en su conocimiento de la orden de fusilamiento de comandos aliados, emitida el 18 de octubre de 1942. Dönitz admitió que la orden se distribuyó verbalmente para evitar dejar rastro, pero afirmó que no estaba de acuerdo con ella. Sin embargo, el tribunal lo consideró culpable de crímenes de guerra por la guerra submarina ilimitada, condenándolo a diez años de prisión.

El interrogatorio más extenso y dramático fue el de Hermann Göring, el segundo hombre más poderoso del Reich. Göring, visiblemente arrogante, intentó desviar las preguntas sobre el incendio del Reichstag, negando haberlo planeado. Pero el testimonio del general Franz Halder lo desmintió: durante el desayuno de cumpleaños de Hitler en 1942, Göring se jactó: “La única persona que realmente sabe sobre el Reichstag soy yo, porque yo lo incendié”.

Göring también admitió haber desarrollado el plan de la Luftwaffe para la invasión de la URSS en noviembre de 1940, y reconoció la reunión del 16 de julio de 1941 donde Hitler definió los objetivos de anexión de Crimea, los Estados bálticos y las regiones del Volga. “Crimea debe ser liberada de todos los extranjeros y poblada por alemanes”, se lee en el acta de Bormann. Göring trató de restar importancia al documento, calificándolo de “exagerado”, pero no pudo negar su participación.

Estos interrogatorios, que han permanecido inéditos durante décadas, demuestran que la maquinaria de guerra y exterminio nazi no fue improvisada, sino planificada con años de antelación. Los líderes alemanes, lejos de ser simples soldados obedientes, fueron arquitectos conscientes de una política de terror, saqueo y genocidio. Las transcripciones, ahora disponibles para el público, constituyen una prueba irrefutable de la culpabilidad colectiva del régimen de Hitler.

El mundo debe recordar estas voces del pasado para que la historia no se repita.